Puesto que fue una forma de arte-acción muy practicada desde 1962 por el grupo Fluxus, no es raro que la performance sea a menudo asociada al concepto de flujo. ¿En qué sentido puede la performance ser caracterizada como un flujo? Quizás en el sentido en el que Amelia Martinez Muñoz define al grupo Fluxus cuando dice que "Su nombre está asociado a la idea de cambio, de fluir constante, de oposición a cualquier tipo de formalismo o norma"4. Y efectivamente, la performance pertenece al tipo de realizaciones artísticas que han sido llamadas "no objetuales", es decir, obras que no persiguen obtener la materialización de un objeto de arte. La acción del performista parece entonces no tener otro destino que esfumarse para siempre en el ineluctable y constante fluir del tiempo.
La obra de arte objetivada tiene un tipo de relación particular con el tiempo: la de su permanencia como cosa, como algo material que, independientemente de su valor estético, ocupa un lugar en el espacio durante un tiempo indefinido. Es una consecuencia de esa relación el que el arte se mantuviera hasta hace muy poco atado a las fluctuaciones del tiempo histórico. La espacialidad y permanencia del objeto contribuyeron frecuentemente a consolidar el status artístico de la obra. Walter Benjamin ha puesto en claro, a través de la noción de aura la importancia que pudo llegar a tener desde el punto de vista del valor implícito de la obra su permanencia en el tiempo y su autenticidad como objeto de arte epocal5. Desde el momento en que los trabajos de Benjamin empezaron a ser conocidos, la distinción entre "arte aurático" y "arte post-aurático" se hizo cada vez más común. La fotografía, el cine y la televisión modifican completamente el enfoque tradicional que se tenía de la relación entre arte, representación y soporte material de la realización artística. Con ello, el proceso de "desmaterialización" cada vez más radical del arte va a evolucionar siguiendo una lógica fatal que hace factible la hipótesis de un arte posthistórico.
Con el "arte acción" toda dimensión material estable y durable de la obra desaparece, y si se quiere juzgar acerca de la real "autenticidad" de una obra ningún análisis químico de laboratorio será de alguna utilidad. Es también el fin del oficio de restauración. No es posible instalar una performance, un happening, un assemblage o un enviroment como muestra permanente en un museo. Tampoco puede comprarse o venderse alguna de las obras de este tipo, con lo cual, éstas salen del circuito comercial del arte, quebrando radicalmente la lógica que venía convirtiendo la obra de arte en mercancía. Seguramente era eso lo que los realizadores de arte-acción querían conseguir.
Jorge Michell
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